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Tú me dejastes caer…

Tú me dejastes caer…

Hace un tiempo se escuchaba en la radio: Tú me dejastes caer, pero ella me levantó Es el coro de un reguetón (reggaetón) y, a pesar de que esta canción antes de salir al aire habrá pasado por una serie de pruebas, al parecer nadie notó el error que se comete en la conjugación del verbo dejar. Y a los oyentes, la mayoría adolescentes, tampoco parece sonarles anómala esa forma verbal, porque sin ningún remordimiento lingüístico cantan abiertamente el estribillo, con error y todo.

Igualmente, unos días atrás, en un folleto publicitario, leía: …la casa con la que siempre soñastes. Imagino también que antes de que la publicidad llegara a las manos del público habrá tenido que haber sido “revisada” por alguien, alguien que, a todas luces, no fue capaz de reconocer el error y lo dejó ahí impunemente.

En fin, si prestamos atención, veremos que no es tan raro encontrar esta -s gratis al final del verbo. Si bien antes este error era más común en hablantes con escasa formación, ahora lo encontramos en hablantes de todos los estratos sociales, lo que llama bastante la atención, pues supone una pérdida de la sensibilidad lingüística del hablante promedio que antes era capaz de identificar y corregir los errores en el uso de su lengua.

Ahora bien, en qué consiste el error y a qué se debe. El error que aquí tratamos es un fenómeno lingüístico conocido como paragoge que consiste en añadir un sonido al final de una palabra. Así, por ejemplo: nadies, en lugar de nadie; dejastes, por dejaste; dijistes, por dijiste, vinistes, por viniste, etc.

Este error es muy frecuente en los verbos conjugados en la segunda persona del singular en pretérito indefinido: fuiste, estudiaste, hablaste, etc. y se debería a una analogía que el hablante establece inconscientemente, pues la -s en los otros tiempos verbales es la marca de la segunda persona: sueñaS, soñabaS, soñaráS, soñaríaS, soñaseS. Así, el hablante considera lógico aumentar la -s, pues si nos fijamos, en realidad, el quitarla es más bien una excepción a la regla, que llega directamente del latín amavisti (amaste) y legisti (leíste), donde no se empleaba la -s.

Si nos remontamos en la historia del castellano, veremos que hasta el siglo XVII la forma verbal con -s se consideraba correcta. Pero, ojo, era la conjugación correcta para la formación del plural: vosotros leístes, que no para el singular: tú leíste. Aunque en América el pronombre vosotros despareció a favor de ustedes, vosotros se conserva hasta hoy en el español peninsular. No obstante, la forma verbal que se conjugaba con ese pronombre empezó a cambiar, y se introdujo en el pretérito un diptongo, ya usado en las formas verbales del presente: leísteis, en lugar de leístes. De hecho, este uso aparece ya registrado en La Gitanilla, una de las Novelas Ejemplares (1613) de Cervantes, quien emplea hicisteis, en vez de hicistes que hubiera sido lo etimológicamente correcto.

Así, al quedar modificada, con el diptongo, la oposición entre el singular y el plural: tú leíste y vosotros leísteis, la forma con -s quedó descartada del uso culto, aunque se conservaba en el habla vulgar. De ahí, los gramáticos y la escuela, sobre todo, se encargarían de mantener relegada esta forma, tildándola de incorrecta o vulgar.

Sin embargo, como se ha visto, la lengua cambia y seguirá haciéndolo. De un tiempo a esta parte vivimos el retorno de la -s final a las bocas de hablantes escolarizados, supuestamente, es más, con estudios superiores: periodistas, profesores, estudiantes, cantantes… Nada puede asegurar que dentro de un tiempo ese rechazo a la -s final, que algunos aún conservan, no sea suficiente para contener su avance, pues, al final, en un lengua suele ocurrir que la fuerza del uso se impone a lo gramaticalmente correcto. Pero, mientras eso no suceda, seguiremos considerándolo un uso vulgar e incorrecto.

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Comment ( 1 )

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  1. Gaby Trinidad 7 abril, 2012 Reply

    No creo que el uso incorrecto cada vez más común, de añadir la s final a verbos en singular como por ejemplo fuiste, estudiaste, hablaste, o el hecho de que este uso se vea más frecuentemente a nivel de todos los estratos, sea una razón para que a mediano o largo plazo se acepte como uso correcto.

    Me niego a aceptar hablando en un futuro como un cobrador de combi, que cuando el chofer le dice: ¿alguien baja en el paradero?, este le contesta “nadies”.

    Al contrario, lo que debemos hacer es fomentar cada vez más el uso correcto de nuestra lengua, y no aceptar tan displicentemente los textos dizque bien redactados de los profesionales que los elaboran, sobre todo, llamar la atención de aquellos que revisan los textos finales, llámese propaganda, canción, norma, o cualquier otro documento que será publicado y leído o escuchado por miles de personas, que por supuesto creerán que lo que ven o escuchan es correcto porque lo dice fulano o sutano, o tal o cual medio de información. Ocurre que las personas que revisan documentos o textos finales, dan por sentado que está correctamente redactado porque lo elaboró un profesional, craso error.

    Menciono lo anterior, ya que, por experiencia propia he podido comprobar que los títulos, grados, diplomados, etc. de los profesionales, no son ninguna garantía de que usen correctamente nuestra lengua, puesto que ninguna universidad puede reemplazar los primeros años de una persona, que es la etapa en que se aprende el uso correcto de la lengua, son los primeros años de formación, cuando un niño aprende a leer y a escribir, pero sobre todo, cuando escucha el uso del lenguaje en casa porque los niños aprenden con el ejemplo, repiten lo que escuchan y si escuchan a sus padres hacer un uso incorrecto de la lengua, por supuesto que ellos harán lo mismo.

    Con el correr de los años, el niño que nació en un hogar culto, donde se fomentaba además la buena lectura, utilizará correctamente nuestro lenguaje y se preocupará por cultivarse cada vez más, pasando a formar parte de las filas de las personas que todavía nos preocupamos por el uso correcto de la lengua hablada y escrita, sin caer jamás en el error de usar vulgarismos como lenguaje natural, ya sea por moda o por costumbre…

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