Sobre “ponerse de(en) pie”

Las diversas situaciones de la vida cotidiana nos permiten poner en práctica nuestros buenos modales en señal de respeto y cortesía. Así, cuando asistimos a las ceremonias cívicas nos invitan a “ponernos de pie” para entonar el Himno Nacional; cuando el maestro entra en el aula, los alumnos se “ponen de pie”; cuando una persona mayor sube al micro, el joven se “pone de pie”, etc. Además, procuramos “poner en pie” el propósito de hacer agradable la vida a los demás con nuestro buen comportamiento. De ahí que sería conveniente repasar el sentido y los usos lingüísticos de estas expresiones que hemos resaltado entre comillas.

Se trata de locuciones verbales o combinaciones fijas de varios vocablos que hacen el oficio de verbo (DRAE, 2001) y funcionan como un solo núcleo del predicado: “caer en la cuenta” o “darse cuenta” (‘percatarse’, ‘notar’), “echar de menos” (‘extrañar’), “hacer añicos” (‘romperse’, ‘quebrarse’), “hacer polvo” (‘destrozar’). Las locuciones verbales también pueden estar formadas por dos verbos, el segundo de los cuales aparece en forma no personal: “echar a perder” (‘acabar’, ‘destruir’), “dar a entender” (‘explicar’), “dar a conocer” (‘informar’), etc.

En el caso de la locución verbal que nos ocupa, esta equivale al verbo “pararse”, vocablo que se introdujo en América en los siglos XVI y XVII proveniente de la región española de Murcia, en donde aún se emplea como sinónimo de “estar de pie”, “estar parado”, “levantarse”; mientras que en el resto de España, el verbo “pararse” significa simplemente ‘detenerse’. En la mayor parte de nuestro continente, “ponerse de pie” se usa con el significado de ‘pararse’ para manifestar respeto o cortesía, hacer frente al despertador todas las mañanas o disponerse a hacer otra actividad después de haber estado sentado. En algunos países como Venezuela se emplea “pararse” con el sentido de ‘levantarse de la cama’: Ayer me paré (‘levanté’) a las ocho.

Esta locución verbal presenta dos formas posibles: “ponerse de pie” y “ponerse en pie”. Ambas se han creado por la combinación de la forma verbal “ponerse” y las locuciones adverbiales “de pie” o “en pie”, que se usan para explicar la forma de estar o ponerse alguien derecho, erguido o afirmado sobre los pies, para decir que alguien se ha levantado ya de la cama restablecido de una enfermedad o para indicar permanencia y duración (DRAE, 2001): Al ver a la anciana, se “puso de(en) pie”; Se mareó al “ponerse de(en) pie”; Se “puso de(en) pie” después de tan larga enfermedad; Prefirió “ponerse de(en) pie en lugar de sentarse. De las dos formas posibles, “ponerse de pie” es de uso más extendido con el significado de ‘pararse’ o ‘levantarse’; mientras que “ponerse en pie” suele emplearse, además, con el sentido de ‘iniciar’, ‘comenzar’, ‘emprender’ algo: Juan “puso en pie” un proyecto interesante en bien de la educación.

Animémonos, pues, a “ponernos de pie” cada vez que tengamos la oportunidad de demostrar nuestra cortesía y buena educación, y procuremos “poner en pie” el deseo de vivir en un clima de amabilidad y armonía.

 

Susana Terrones Juárez

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